Estoy en Dinamarca. Hoy sólo he hecho 500 kilómetros y he aprovechado para dar una vuelta por Copenhague. La sirenita –que no veas si es chica y la cola que había para verla– y lo que me ha dado tiempo en la tarde. En un salto me planto en la península escandinava y a recorrerla de cabo a rabo. Pilotar por Alemania fue increíble, es como si le subvencionaran el turbo a los coches, y qué cochazos, qué espectáculo. Pero todo el mundo muy respetuoso, no se oía un claxon. También he tenido mi momento para el recuerdo, pues he parado a comer en la misma gasolinera donde paraba mi padre siempre que volvíamos a España con la familia, y he pedido exactamente lo mismo que entonces. Ha estado bien. También me ha dado para conocer a otro motero que está en la misma aventura, un señor francés de unos 60 años, muy educado, con el que me he ido encontrando varias veces durante el camino. Y ahora a descansar en Copenhague que la etapa de mañana es impresionante. Ya veréis.
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